"Mi delito fue utilizar un megáfono para ahuyentar a los zorros de las escopetas de los cazadores. Tenía claro que sólo me lo quitarían por la fuerza. Me acusan de desacato a la autoridad y lesiones a un agente."

Eladio Ferreira (director de Equanimal)

 

La GC nos pidió la documentación a todos varias veces. El punto de inflexión en la actitud en nuestro grupo de sabotaje fue cuando el capitán de la GC (acudió primero una patrulla, después otra y finalmente una tercera) exigió que no usáramos el megáfono. Teníamos claro, que seguiríamos usándolo para salvar animales que es a lo que fuimos y nos amenazó con que si lo usábamos lo consideraría desobediencia a la autoridad y lo requisaría. Pero se fueron.

Regresamos a los caminos y pese a la advertencia de la Guardia Civil hice uso del megáfono que utilizábamos para ahuyentar a los zorros. Tres agentes de la GC se abalanzaron sobre el megáfono al que me aferré negándome a soltarlo. Ante la violencia que estaban empleando y su agresividad me dejé caer al suelo para protegerme. Pensé que eso bastaría para evitar que me lo quitaran pero mientras el capitán tiraba del brazo izquierdo y del megáfono otro agente, sin contemplaciones, puso su bota sobre el cuello. Aún así no pensaba soltarlo. Era mi deber defender nuestro derecho a salvar a los zorros de las escopetas de los cazadores y no iba a ceder mi arma, el megáfono. Un tercer agente optó por emplearse con más dureza aún y me pisó sobre el costado izquierdo provocándome un agudo dolor en las costillas lo que me obligó a soltar automática y definitivamente el megáfono. Después de requisar el megáfono intentaron introducirme a mí en el coche patrulla para arrestarme pero me resistí a entrar. Quería una ambulancia.

Era mi deber defender nuestro derecho a salvar a los zorros de las escopetas de los cazadores y no iba a ceder mi arma, el megáfono

Ante la imposibilidad de acceder la ambulancia al lugar donde estábamos me trasladaron en el coche de la GC hasta una zona de casas donde esperarla y de ahí al Hospital de Lugo custodiado por dos GC en todo momento dentro del centro hospitalario. Las radiografías determinaron que ni en cuello ni en costado había fractura ni lesión grave. Se trataba de una contusión y el dolor me pasaría en 4 o 5 días.

Del Hospital me trasladaron a la Comandancia de la GC en Lugo. Aquí ya me quedé sin móviles y sin posibilidad de comunicarme. Solamente Patricia, quien me acompañó en el traslado al hospital sabía a donde me llevaban.  Me enteré de que me quedaría hasta el lunes en el calabozo cuando me dijeron que ya me habían pedido la comida para la noche. Así supe que dormiría en el calabozo. Pedí hacer una llamada pero aquí me comunicaron que iría al calabozo directamente pues siendo domingo no podían tomarme declaración. Les dejé bien claro que me habían dicho que podría llamar por Telf. y que tenía que comunicar a alguien que estaba allí. Al poco rato me dijeron que pasaría Patricia (quien se había hecho pasar por mi “compañera sentimental”) aunque no le dejaron acercarse a mí. Después de pedirle que se comunicara con mi familia y que transmitiera mi situación a los responsables de la organización que estaban en el boicot fui conducido al calabozo.

Pasaron aproximadamente dos horas y el aumento del dolor en el pecho y cuello me parecieron excusa suficiente para poder pedir una nueva revisión médica y salir al exterior del cuartel para saber si había miembros de Equanimal esperando en la puerta. Aunque el agente de guardia señaló que deberían ponerme “los grilletes” el que me acompañaba le respondió que era innecesario según órdenes del teniente. Creo que ya se habían percatado que podía ser un activista en defensa de los animales dispuesto a que me agredieran y detuvieran pero que en ningún momento yo actuaría con violencia. Al salir pude ver que Olaia Freiría, coordinadora del sabotaje y responsable de voluntariado de Equanimal estaba dialogando con el agente de la garita para entrar al cuartel. Eso me tranquilizó.  Y más aún la segunda exploración médica que ratificó la falta de fracturas. En el hospital pude ver que eran las 17 horas.

Creo que ya se habían percatado que podía ser un activista en defensa de los animales dispuesto a que me agredieran y detuvieran pero que en ningún momento yo actuaría con violencia

Al regreso al cuartel me comunicaron que ya no volvería al calabozo pues habían pedido a los agentes de la policía judicial de guardia que acudieran a tomarme declaración así como a una abogada de oficio. A las 18:05 me leyeron mis derechos y me acogí al derecho a no declarar. Supe que además de desacato a la autoridad había sido denunciado por un agente por lesiones. ¡Increíble! Mi resistencia a entregar el megáfono fue absolutamente pacífica. No moví un dedo contra nadie. Después, la abogada habló conmigo, se sorprendió de la acusación y de los hechos. Toma de huellas y fotografías así como recuperar mis pertenencias fueron los últimos pasos antes de poder salir. Allí me esperaba mi amiga y responsable de Atención al socio en Equanimal, Sara Lago.

No me van a parar a mí ni a Equanimal en nuestro trabajo en defensa de los animales. En Equanimal estamos dispuest@s a asumir las consecuencias que se deriven de nuestra lucha en defensa de los animales.

Próximamente recibiré los cargos en mi domicilio. Tengo claro que asumo las consecuencias de lo que hice para salvar animales. No me van a parar a mí ni a Equanimal en nuestro trabajo en defensa de los animales. En Equanimal estamos dispuestas a asumir las consecuencias que se deriven de nuestra lucha en defensa de los animales. Nuestra actitud siempre será pacífica pero determinada a conseguir lo que buscamos. Como director de la Fundación estoy muy orgulloso de todas las personas de la organización que acudieron al boicot, de los que no pudieron hacerlo y de todos los socios y socias que nos apoyan y con sus cuotas permiten que este sabotaje y el resto de nuestras acciones sean posibles. He recibido apoyos de personas y organizaciones, de socios, voluntari@s, familiares y amigos y aunque a estas horas aún siento pinchazos en el costado al moverme me siento feliz sabiendo que muchas personas apoyan nuestro esfuerzo. La solidaridad que he recibido no me la merezco yo sólo. Todo un equipo de activistas es merecedor de esas palabras porque cada uno en su función ayuda a sacar adelante a Equanimal.